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PRIMERA PARTE

I

La tarde del ocho o nueve de marzo del año 1975, Joaquín Antonio Pou Castro se encaminó hacia la secretaría de las Fuerzas Armadas con intenciones de entrevistarse con el Secretario de esa institución, a la sazón el contralmirante Ramón Emilio Jiménez Reyes, pero éste se encontraba reunido con los generales Enrique Pérez y Pérez, Salvador Lluberes Montás y el comodoro Logroño Contín, los más altos mandos militares durante esos años.

Pou Castro esperó cerca de una hora hasta que, finalizada la reunión, salieron los militares del despacho, lo que aprovechó quien era entonces mayor del ejército nacional, para hacerles el saludo militar de estilo. Inmediatamente el general Lluberes Montás extendió su brazo sobre sus hombros e hizo un aparte con él.

—¿Hacia dónde te diriges ahora, Pou?
—Me voy para mi casa General, tan pronto termine unos asuntos en la Secretaría. ¿Puedo servirle en algo?
—Cuando regreses, espera una llamada en tu casa…
—A su orden, General. –Y se despidió, disponiéndose a concluir las diligencias que le habían llevado hasta allí.

Al día siguiente, mientras se preguntaba Pou a qué llamada se refería el general Lluberes y por qué no se produjo, fue solicitado desde la jefatura de la fuerza aérea. Allí halló no sólo al general Lluberes Montás, sino también a un cercano colaborador de éste, el coronel paracaidista Isidoro Martínez González. Reunidos los tres, el general les preguntó:
—¿Ustedes conocen al periodista Orlando Martínez?
—Yo no, General –respondió Pou.
—Yo tampoco, pero si usted quiere, podría averiguar y tratar de conocerlo –pareció reflexionar en voz alta el coronel Martínez.
—Muy bien, háganlo.

Era una orden simple, ninguno le preguntó para qué.

Durante un par de días Pou Castro pensó: ¿cómo voy a ubicar a ese periodista?, ¿con qué medios?, meditando al mismo tiempo sobre su mala situación económica. Inmerso en estos pensamientos recibió una nueva llamada a presentarse a la jefatura. Allí encontró al capitán paracaidista Sánchez Guzmán, quien se desempeñaba como guardaespaldas del señor Víctor Gómez Bergés.

Gómez Bergés era un funcionario del gobierno del doctor Joaquín Balaguer quien, además de conocido del periodista Orlando Martínez, era vecino de su misma calle. Sánchez Guzmán, en su presencia, le informó al general Lluberes Montás los datos que le fueron requeridos sobre la dirección de la residencia y tipo de vehículo que conducía el periodista Martínez, a quien conocía personalmente de sus encuentros con el funcionario.

Temeroso porque se reconocía moroso en el cumplimiento de la orden recibida, Pou Castro acudió a una tercera llamada de Lluberes Montás. Este, con evidente enfado y en presencia del coronel Isidoro Martínez González, le dio una nueva y más específica orden: acompañar a Isidoro a un servicio, detener al periodista Martínez y propinarle una golpiza de escarmiento ya que, a juicio del general Lluberes, el comunicador no debía continuar escribiendo insultos contra el gobierno.

—Perdón, General, pero yo no tengo personal para un servicio de esa clase –replicó Pou.
—Isidoro, encárgate de buscar el personal –ordenó Lluberes. A lo que Isidoro contestó:
—Con su excusa, General, ya yo utilicé mi personal para el servicio de vigilancia y ubicación, yo entiendo que sería más conveniente para esta operación utilizar personal ajeno a la base de San Isidro, ¿no le parece?

Este comentario le molestó ligeramente, pero luego de un breve momento de reflexión, Lluberes Montás expresó su conformidad asintiendo en silencio. De todas formas este operativo va a ser supervisado por Isidoro; que decida él el personal a utilizar, se dijo.

Isidoro Martínez se dirigió entonces a Pou Castro:
—Pou, busca al cabo Mariano Durán que está ahora en el J-2 y uno o dos de los informantes –refiriéndose al departamento de inteligencia de la secretaría de las fuerzas armadas y a los civiles de la confianza de los militares, que se utilizaban como agentes para localizar supuestos comunistas y opositores importantes del gobierno.
—Sí –añadió Lluberes –búscate al primo a ver si es verdad que sirve para algo.
—Sí señor –y acto seguido Pou se despidió haciendo el saludo. Ya sabía quién era el primo.

Casi de inmediato Isidoro Martínez telefoneó al despacho del coronel Abreu Rodríguez, jefe del J-2 y solicitó, en nombre del departamento de inteligencia de la fuerza aérea, que se le “prestara” al cabo Mariano Durán para un servicio comandado por el mayor Pou Castro. Abreu Rodríguez, luego de consultarlo con el Secretario contralmirante Ramón Emilio Jiménez Reyes, quien lo autorizó, aprobó la solicitud. Abreu Rodríguez, sin embargo, quedó pensativo; no era usual que el encargado del departamento de inteligencia coronel Isidoro Martínez solicitara servicios, aunque sí era muy frecuente que Durán fuera solicitado; de hecho, era uno de los más solicitados…

Quizás por su experiencia –pensó– ¿sería un servicio paralelo del secretario de la fuerzas armadas, Pou Castro e Isidoro Martínez?, supongo que el Secretario sabe de qué se trata –y sin darle mayor importancia lo olvidó.

Más tarde, Pou le reveló los planes al “primo” Rafael Alfredo Lluberes Ricart, a quien apodaban Freddy o Lluberito y de quien conocía a fondo lo que llamaba su fanatismo anticomunista. De hecho, a juicio de Pou, Freddy era una persona violenta, con rasgos de anormalidad, cosa que lo hacía ideal para un servicio como el ordenado. Freddy accedió a las proposiciones de Pou con naturalidad y algo de fanfarronería. Calculando que podría ofrecerle algo de dinero a su vez, Freddy buscó a un conocido suyo,  joven integrante de “La Banda” para que les acompañara; este joven se llamaba Luis Emilio de la Rosa Veras.

Luis Emilio, quien no contaba aún con veinte años de edad, era considerado por Freddy como un muchacho valiente. Había sido encarcelado por apalear una persona, pero fue puesto rápidamente en libertad. De inmediato pasó a formar parte del Frente Democrático Anticomunista y Antiterrorista (La Banda), dirigido por Eric Cruz Candelario y Ramón Pérez Martínez (a quien apodaban Macorís), que coordinaba actividades en la Escuela República Dominicana. Este era un temido y poderoso grupo paramilitar creado cercano a las elecciones generales de los años 70 para la persecución de opositores del gobierno, compuesto por una gran cantidad de jóvenes utilizados para tales propósitos.


II

“…Yo me pregunto, estarán ahora disfrutando de la compañía y el calor de sus hijos?, ¿de sus hermanos?…
...Todo el día mi mente es un torbellino de preguntas sin el eco de unas respuestas, porque en realidad, tendrán hijos los que decretaron la muerte de mi hermano?…
…no ha pasado acaso por su mente enferma que podrían ellos cualquier día próximo, beber el mismo cáliz amargo que ahora estamos bebiendo los familiares de Orlando?… 


EDMUNDO
FRAGMENTOS DE
“¿DÓNDE ESTÁN LOS ASESINOS DE ORLANDO?”
22 DE ABRIL DE 1975


III

La mañana del 17 de marzo de 1975 sorprendió a Freddy Lluberes cortando tubos de metal en pedazos, a su juicio maniobrables, mientras analizaba los hechos de los últimos días. Recordó cuando el mayor Pou se presentó en su casa a planificar cómo darle, según sus propias palabras, dos o tres palos a Orlando Martínez por estar escribiendo en el periódico artículos contra el gobierno. Recordó además cuando a su vez le propuso que utilizaran a Luis Emilio y cuando esa tarde salieron, infructuosamente, a ubicar al periodista. Pensó que aceptada la inclusión de Luis Emilio en los planes, debía ir temprano en la tarde a conversar con éste.

Freddy Lluberes llegó a la vivienda de Luis Emilio aproximadamente a las dos de la tarde de ese mismo día.

—Vamos a llegar allí –le dijo, y ya con el vehículo en marcha le aclaró:
—Hay un periodista que hay que darle unos golpes y el mayor Pou Castro quiere hablar contigo. –Y sin más palabras sobre el asunto se dirigieron a la avenida Sabana Larga.
Casi simultáneamente Mariano Durán telefoneaba a la oficina central del J-2 para reportarse. Desde esa oficina el coronel Abreu Rodríguez le ordenó trasladarse a la residencia del mayor Pou Castro y ponerse a sus órdenes. Mariano, acostumbrado a este tipo de mandatos, cumplió sin hacer preguntas.

Cuando Pou llegó a su casa el 17 de marzo, siendo casi las dos de la tarde, descubrió estacionado un vehículo del J-2 sin placas, marca Datsun 1200, azul, que le enviara el general Lluberes Montás para el servicio.

Al sonar el teléfono en casa de Pou Castro dieron las tres. Isidoro Martínez le ordenó a Pou presentarse en su casa y Pou obedeció al instante.

—¿Conseguiste el personal, Pou? –inquirió Isidoro.
—Sí, lo tengo en espera.
—Bien, tengo informes de que Orlando Martínez está trabajando en estos momentos y suele salir al atardecer. Reúne tu gente y espérame en la entrada principal del hipódromo.
—De acuerdo, ahí estaremos. –Y regresó a su casa.
Al llegar Mariano a casa de Pou, éste le ordenó subir a su vehículo. De inmediato emprendieron la marcha en dirección a la avenida Sabana Larga donde toparon con Freddy Lluberes y Luis Emilio De La Rosa. Allí Pou explicó:
—Tenemos órdenes de dar unos golpes al periodista Orlando Martínez por sus escritos contra el superior gobierno… hay que romperle los brazos. –Y emprendieron la marcha.
Durante el trayecto conversaron poco sobre trivialidades hasta que Luis Emilio intervino:
—Díganme una cosa, ¿por qué no se buscó personal militar para esto?
A lo que el mayor Pou respondió:
—Para este servicio se necesita un buen par de tígueres.
—Freddy, nos estamos metiendo en un lío con esto –comentó Luis Emilio en voz baja.
—¿Te vas a meter a pendejo ahora? –fue la respuesta de Freddy.

Mientras tanto, Mariano Durán callaba. Pensaba en algunas de las veces en que había sido sancionado por golpear a otras personas; recordó los pleitos en la barra cercana a Puerto Plata y también cuando, en componenda con algunos de sus hermanos, propinó una buena golpiza al primo Rafael…

Poco después coincidían en el lugar acordado. Isidoro, acompañado por un chofer y algún otro subalterno y todos vestidos de civil.

El militar de mayor jerarquía, Isidoro Martínez, asumió la dirección del operativo y en el tono acostumbrado se dirigió a Pou:
—Debes mantenerte en la avenida San Martín cerca de la estación de gasolina. Cuando yo pase detrás del carro Lancia azul del periodista te lo voy a señalar.
Acto seguido partió.

Pou, Mariano, Freddy y Luis Emilio se dispusieron a esperar sentados en una barrita cercana a Publicaciones Ahora! donde laboraba el objetivo, dando de vez en cuando alguna vuelta para no despertar sospechas. Pidieron una botella de ron para todos y algo de comer para Luis Emilio. Freddy fue a llevar su camioneta al lugar donde laboraba regresando al rato.
Y transcurrieron cerca de dos horas.


IV

“…Respecto a la impunidad de tu crimen… ¿existe un hálito de esperanza?…
...Yo me pregunto Orlando, tus asesinos intelectuales, qué estarán pensando en estos momentos con la reacción que ha producido tu muerte, podrán dormir tranquilos? …temerán recaiga sobre sus hijos la maldad que te hicieron o creen haberte hecho a ti?… Los asesinos materiales, ya invirtieron el dinero que recibieron con tu muerte, o el galardón ofrecido ya fue recibido?…
Puedes descansar en paz, hermano, porque nunca he estado tan seguro de que esta vez la impunidad no prevalecerá y tus viles asesinos pagarán todos sus crímenes juntos…”. 


EDMUNDO
FRAGMENTOS DE
“UNA CARTA A ORLANDO”
17 DE MAYO DE 1975

V

Era el atardecer cuando el carro Datsun 1200 verde del coronel Isidoro Martínez pasó frente al grupo haciendo señas. El carro del periodista Martínez iba delante. Freddy exclamó:
—Ahí viene el tipo…

Abordaron de inmediato el vehículo del mayor Pou. Con éste al volante, Mariano a su derecha, Freddy y Luis Emilio detrás, partieron tras el Coronel.
En el trayecto Pou les recordó:
—Vamos a hacer preso a ese individuo, pero tengan mucho cuidado porque está armado.
Transitaron tras los vehículos por la avenida San Martín en dirección este a oeste, por la avenida Ortega y Gasset en dirección norte a sur y al llegar a la avenida 27 de febrero el coronel Martínez le hizo señas a Pou para que adelantara y siguiera detrás al periodista, cosa que hizo mientras doblaban por la avenida Tiradentes hacia el sur. Al llegar a la calle José Contreras el semáforo dio luz roja. Pudieron notar entonces que el periodista observaba insistentemente a través del espejo retrovisor.
—Quizás se dio cuenta de que lo seguimos –pensó Pou–, no debemos esperar más.
El periodista giró muy despacio hacia la izquierda y anocheció mientras caía una lluvia tenue.



VI

“…Con la muerte de Orlando, pueden estar seguros no sucederá igual, porque muchos corazones laten con la angustia, el deseo y la convicción de que tarde o temprano, los cobardes, viles y miserables asesinos de tan noble valor, tendrán que pagar su crimen de una forma o de otra; a Ustedes se lo digo, inmundos cuerpos podridos sin ser descubiertos aún por los gusanos, porque la historia nos ha dotado de ejemplos que evidencian que pagarán no sólo físicamente, sino espiritualmente la maldad y la ponzoña que habita dentro de sus corazones.

Pagarán ya sea por ustedes mismos, o por alguno de los suyos, recordad el Imperio Romano, los secuaces de Hitler, y aún más contemporáneo, la tiranía trujillista, la hora del crujir de dientes no está tan lejana como creéis, porque no se les ignora como tal vez piensan ustedes, esperad y veréis la consecuencia.

Los medios de comunicación callarán, pero la muerte de Orlando, unida a tantas otras muertes valiosas, viven latentes en miles de corazones dominicanos y aún extranjeros; los culpables, ahora personajes intocables, son presas anheladas por todo un pueblo que espera venganza y justicia, por la desaparición de tantos valores humanos idos a destiempo por el descarado anhelo de riqueza de un pequeño grupo que cree perdurará por los siglos de los siglos….”

EDMUNDO
FRAGMENTOS DE
“ORLANDO, UN PERIODISTA ASESINADO
(TRES MESES DE SU MUERTE)”
17 DE JUNIO DE 1975


VII

El mayor Pou siguió muy de cerca el vehículo que conducía Orlando Martínez por la calle José Contreras. Próximo a la calle Cristóbal de Llerena, Pou chocó levemente por detrás el carro del periodista, lo que hizo que éste se detuviera a su derecha, dejando las luces encendidas. Pocos metros más atrás frenaron sus perseguidores y mientras desmontaban Mariano Durán y Freddy Lluberes por órdenes de Pou, éste les advirtió:
—¡No lo maten, es para una “agolpiá”! ¡Háganlo preso y tráiganlo al carro!

Sin embargo, nadie recordó ni sacó del automóvil tubo alguno. Rápidamente se trasladaron con armas de fuego en las manos hacia el vehículo detenido cuyo conductor ya empezaba a abrir su puerta.

Mariano, ya junto a la ventanilla, le dijo:
—Usted está preso… –mientras al mismo tiempo Lluberes le gritaba:
—¡Esto es un asalto!

Orlando, desconfiado, tomó su revólver…

Y casi al unísono sonaron dos disparos.


VIII

“… Es ahora cuando recapacito en el por qué de la venda en los ojos del símbolo de la justicia; Las atrocidades, los abusos de poder, las injusticias, que sin respeto y consideración para un pueblo se cometen a diario en nuestros propios ojos, simplemente porque la fuerza reposa actualmente en sus manos. Un ejemplo vergonzante, doloroso e inhumano, es el que yo he considerado como “tu doble asesinato”, en qué consiste?… en el sufrimiento de los familiares de los inocentes detenidos en tu caso, algunos de ellos tus amigos, en la injusticia de querer frustrar vidas de grandes valores humanos, no convenientes para sus maquiavélicas hazañas porque nuestro país se ha idealizado como meta, hacer desaparecer todos los hombres que tengan un grado superior de inteligencia y de ese modo aumentar las arcas de patanes, que no son más que unos vulgares ladrones y asesinos, propagandistas de la drogadicción e inmoralidad de nuestro pueblo; ahora intocables, pero tarde o temprano futuras presas del mañana …”

EDMUNDO
FRAGMENTOS DE “OTRA CARTA A ORLANDO
(CUATRO MESES DE SU MUERTE)”
17 DE JULIO DE 1975


PALABRAS DE LA AUTORA, OPINIONES SOBRE ORLANDO, SEGUNDA PARTE, TERCERA PARTE, LA SENTENCIA, COLOFON, APENDICES
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