Quien quiera elaborar un manual del perfecto asesino de periodistas, podría tomar algunos apuntes a partir de la vida real y, si mira hacia el Caribe, mejor.
Es seguro que en esta región encontrará suficientes elementos para condimentar su Manual del Asesino de Periodistas.
Uno de los primeros detalles que, a mi juicio, debe tomar en cuenta es que tiene que vincularse al poder.
Pero ese poder debe ser bien entendido. Debe estar integrado a los militares y la Policía.
A la cabeza de la trama deben estar altos jefes militares o policiales que cuenten a su vez con el respaldo firme de algún presidente de República.
Esto no es por pura casualidad. Tiene su propósito: garantizar impunidad.
Pero, no nos desviemos del asunto, luego volveremos a este punto.
El jefe militar o policial que participe de los planes debe ser un individuo frío con capacidad de contar con la colaboración irrestricta de subalternos entrenados y en el trabajo sucio, que obedezcan a sus órdenes y guarden silencio, aunque las evidencias los señalen como participantes en asesinatos.
El manual del asesino de periodistas debe incluir técnicas, por ejemplo, de cómo interceptar a la víctima en algún lugar despejado y sin muchos testigos.
En las instrucciones debe estar algún mandato relacionado con la forma de cometer el crimen.
Se puede, por ejemplo, chocar por detrás al vehículo del periodista para obligarlo a detenerse y luego, actuando rápido, tal como enseñan en las academias (acciones tipo comando) disparar a matar. Y hacerlo.
Posteriormente, los asesinos, que han cumplido ya la encomienda del oficial de mayor rango, que tiene a su vez la anuencia del Presidente, deben marcharse del lugar tan pronto como puedan y colocar distancia de por medio para no despertar sospechas.
El plan, incluirá actividades de distracción que estarán a cargo de los policías que investigarán el caso.
Comenzarán por detener a sospechosos que no tengan ninguna relación con el incidente, para crear confusión y dar tiempo a la fuga de los matones.
Eso sí, no debe caerse en los errores que otros cayeron como, por ejemplo, buscar a matones jóvenes que luego puedan arrepentirse y decir la verdad, toda la verdad.
Entre los investigadores policiales deben haber algunas personas capaces de distorsionar la verdad para que sea tan irreconocible como sea posible.
El manual no servirá de gran cosa si no se consigue a algún abogado y político que jure y perjure que uno de los principales responsables del planeamiento y la ejecución del plan estaba en su residencia a la hora del asesinato.
Parecen detalles simples, pero no lo son. Estos detalles que les sugiero incluir ya han sido probados por la vida misma.
La retaguardia siempre hay que cuidarla. Y esa retaguardia está la justicia. Ahí hay que encontrar algún fiscal o juez de instrucción que se haga el chivo loco y le de largas al asunto hasta que se olvide.
Otra cosa, el Presidente que participe de los planes criminales debe ser lo suficientemente lúcido y con amplios poderes como para negarse a ser interrogado por un magistrado, sin que nadie pueda tocarlo.
Además, si alguien llegara a acercársele demasiado, culparía de esa acción al Gobierno que antes ayudó a subir y tenga condiciones como para regatearle un próximo respaldo en otras elecciones.
Si, por alguna razón, uno o varios de los cabecillas del complot fueran detenidos porque se cometiera el error de no controlar a algún juez, entonces, se recurrirá a viejas enllavaduras con empresarios poderosos que, prácticamente, sean dueños del país.
Lo pondríamos a ejercer su poder e influencia para lograr que liberen al principal acusado del complot. A toda costa hay que evitar que se llegue hasta el Presidente.
Esos empresarios poderosos deben tener sólidas relaciones con el principal partido de la oposición política para garantizar flujo de influencias en todos los sentidos.
Por si acaso, hay que conseguir un abierto respaldo del principal candidato de la oposición logrando que este lo visite en la prisión que antes le consigan en algún ministerio de las Fuerzas Armadas.
Si esa estrategia no resultara del todo positiva, entonces, hay que vincularla con otras. Por ejemplo, se obtiene que algún importante religioso vaya a una cárcel inmunda donde cientos de presos estén hacinados y enfermos. Si allí hay unos viejitos enfermos, mejor aún.
Ese religioso debe tener la capacidad de decir cualquier cosa que pueda ser reseñada por importantes periódicos y tomar su palabra como si fuera la de el mismo Dios.
El manual debe contar con uno que otro editor que le dé seguimiento a las declaraciones del religioso y busque cuantas reacciones sean posible para crear alharaca. Para hacer mucho ruido.
El próximo paso será liberar a dos o tres enfermos y, finalmente, lograr que un funcionario prominente de la justicia se conduela de la situación del cabecilla preso y lo ponga en libertad.
Si argumenta que se trata de asuntos de humanidad, mejor. Después, un jefe militar debe justificar la liberación diciendo que el pobre hombre se irá para la calle para pasar los últimos días de su vida en libertad.
El Manual del Asesino de Periodista no debe dejar ningún cabo suelto.
Por eso, si alguno de los complotados es detenido, debe hacerse cuanto antes el enfermo y amenazar con morirse si lo llevan a juicio.
Es más, debe ser capaz de exigir que lo dejen viajar a Estados Unidos a buscar la salud supuestamente perdida, incluso antes de irse a una villa paradisíaca.
Pero, nada de esto puede hacerse si no se cuenta con un importante apoyo en la corte de justicia de más importancia que haya en el país, la que debe ocuparse de castigar a algún juez que se atreva a profundizar en las investigaciones del caso.'
Si Usted quiere matar a un periodista no crea que eso es muy difícil.
Tampoco vaya a creer que estos apuntes son definitivos. Apenas son algunas sugerencias preliminares para la elaboración del Manual del Asesino de un Periodista.
Por ejemplo, podrían agregarse otros detalles a tomar en cuenta como la posible desaparición del objetivo.
Hay que buscar con precisión el lugar donde planearla. Si es en un mercadito, mejor.
Como siempre, el plan debe encabezarlo un importante jefe que ordene a otros la búsqueda de los hombres operativos.
La desaparición tiene características distintas al asesinato simple. Aquella, la desaparición, implica la búsqueda de un oficial de confianza que no use un vehículo militar, aunque sea de una institución del Estado. Eso sí, los demás parámetros sobre los contactos entre los políticos, hombres de negocios y la justicia deben ser invariables. Ahí no hay vuelta floja.
En cada caso, si existe la posibilidad de que los asesinos sean descubiertos,
hay que lanzar al aire, sin pensarlo dos veces, el
argumento de que todo es culpa de los comunistas.
Por ahora, dejemos hasta aquí las sugerencias para la elaboración del Manual del Asesino de Periodistas.