Presiento que con la publicación de este documento yo también llegaré a experimentar algo del penoso acoso que han desafiado muchasde las valientes personas ligadas de una forma u otra al periodista OrlandoMartÌnez, al expediente abierto sobre su asesinato o a la revelación de hechos en torno a él y la época que le tocó vivirque tanta gente quisiera ver definitivamente extinguidos.
Sin subestimar el poder de esos patricios individuales e institucionales comprometidos con el silencio y la impunidad, creo que podrÌa llegarel momento en que desfallecieran en su cacería. Soportar las agresiones es ya el modus vivendi mío y de mi familia y como yo, otras bocas y otras plumas que custodian partes tal vez más importantes de las memorias habrán de esparcirse con más arrojo.
Resistiendo la tentación de abundar, de mencionar quehaceres y faenas, de decir nombres y ocasiones, me inclino por la opción devindicar y agradecer la enseñanza positiva de los últimos años enlazados estrechamente a un sumario judicial: la decantación y el conocimiento profundo de la íntima naturaleza de nosotros los dominicanos.
Lo que aquí he escrito corresponde a una reconstrucción de la sucesión de episodios hasta su desenlace fatal elaborada apartir de los interrogatorios oficiales, al acopio y cotejo de las piezas documentales que forman parte del expediente salido de instruccióny al testimonio de los protagonistas de una investigación sin precedentes en nuestros anales forenses.
La verdad que viví de manera muy intensa y que vi distorsionar teatralmente.
Leila Roldán