Dicen que tuvo suerte. Que la vida lo llevó a estar en el lugar adecuado en el momento justo. De repente, al doblar de una esquina sostuvo un encuentro inesperado con la historia moderna. El valor de su juventud lo llevó a inscribir su nombre impecable en los libros del futuro. Entonces su rostro comenzó a aparecer en los distintos medios de comunicación social.
Cuando el entonces juez de instrucción de la Cuarta Circunscripción del Distrito Nacional, Juan Miguel Castillo Pantaleón, ordenaba el apresamiento de los implicados en el crimen del periodista Orlando Martínez Howley, el Estado comenzaba a saldar una deuda de más de dos décadas. Los cimientos de la sociedad se estremecieron y todavía muchos se preguntan cómo llegó el magistrado a conocer la verdad para encausar a los culpable después de 22 años de impunidad durante los cuales se llegó a pensar que los mencionados en el asesinato eran infalibles e intocables.
Ahora, durante una conversación sostenida en su vivienda, localizada
en la urbanización Fernández de la ciudad de Santo Domingo,
Castillo Pantaleón relata cómo resolvió el caso. Aunque
se niega a decir quién le entregó una copia de las investigaciones
realizadas en el año 1975 cuando ocurrió el crimen, cuenta
que la obtuvo y sorprendió al entonces procurador general de la
República, Abel
Rodríguez del Orbe, al anunciarle que había encontrado
a los culpables.
PREGUNTA. ?Cómo empieza usted a trabajar en el proceso que llevó
a los tribunales a los acusados de asesinar a Orlando?
RESPUESTA. Yo ni sabía que el expediente estaba en el juzgado
de instrucción porque a mí me designaron como juez a principios
de diciembre de 1993 y en el tribunal siempre hay un cúmulo de expedientes
que no se sabe nisiquiera quiénes están involucrados. Doña
Adriana Howley, la madre de Orlando, depositó una instancia en el
juzgado, el 13 de marzo de 1995, en la cual solicita la
continuación de las investigaciones que se habían realizado
en el año 1975 y que nunca se habían concluido. Doña
Adriana, tenía como abogados a Abel Rodríguez del Orbe y
Ramón Antonio Beras. Ellos ratifican la querella contra cualquier
persona que resulte culpable del crimen y piden que se interrogue como
testigos a Ramón Font Bernard, José Israel Cuello y a Balaguer,
porque él puso en circulación el libro donde dejó
una página en blanco para tratar el crimen posteriormente. Después
nosotros mandamos el expediente al fiscal de entonces, Luis Nelson Pantaleón
González, quien lo devolvió el 4 de abril de ese año
con el requerimiento introductivo de la querella, marcado con el número
739-95.
P. ?Pero, dónde estaba el expediente original?
R. Yo me doy cuenta que el expediente estaba ahí en unos
de los archivos donde estaban expedientes importantes como el del ``Granadaso
de la Junta'', que ya está prescrito por cierto, el de Héctor
Méndez y el de Zuleica Yadira Urraca. El expediente era larguísimo
y yo me puse a estudiarlo hasta que encontré a Abel Rodríguez
del Orbe y le pedí que pagase un alguacil para
notificar a Balaguer, porque el juzgado no tenía. Pero Rodríguez
del Orbe me dijo que era mejor que la Justicia buscara al alguacil. Por
eso, fui al Palacio Nacional el 21 de abril del 1995 y deposité
un auto de citación a Balaguer en la Consultoría Jurídica
del Poder Ejecutivo. Además le envíe una carta personal.
P. ?Pero Balaguer no le responde, qué pasó posteriormente?
R. El no me hace caso. Pero posteriormente, en mayo del 1995, se produce
mi primer requerimiento para interrogar a Félix Manuel Vargas (Papirucho),
un recluso que se encuentra detenido en San Cristóbal, condenado
a 20 años de prisión porque mató a su mujer. En base
al testimonio de Paparicho que se produjo el sometimiento a la Justicia
de Melvin Mañón Rossi, Rafael Luna (Cheche) y Diómedes
Mercedes. Cuando él compareció salió a relucir la
información de que yo había citado a Balaguer un mes antes,
entonces se hizo un escándalo.
P. ?Papirucho le ofreció algún detalle importante?
R. En ese momento dijo que no sabía nada del caso. El expediente
tuvo siempre un inconveniente, que lo mantenía engavetado, y es
que se fundamentaba en una investigación policial preparada por
una comisión de la cual había formado parte el Ministerio
Público de entonces. Llega un momento en que el expediente que se
somete a la Justicia no conduce a ningún sitio porque, ya sea porque
fue mutilado o manipulado, le sustrajeron las pocas evidencias criminales
que servían. Se sabe que las evidencias llegaron a manos del fiscal
porque figuran en los documentos como recibidas, pero no se sabe dónde
están. Eran 25 piezas y desaparecieron como 15. Yo percibí
que por ese camino no se llegaría a nada y empecé la recopilación
de evidencias guiándome por los diarios de esa época. El
rumor público señalaba al ex-general Joaquín Antonio
Pou Castro. Por eso fui a El Nacional y conversé con el periodista
Bonaparte Gautreaux Piñeyro y él me precisó que el
rumor
surgió en 1975. Un titular de El Nacional del 31 de octubre
se señala a Pou Castro, Rafael Lluberes Ricart (LLuberito ) y Mariano
Durán. Gautreaux Piñeyro me dijo oficiosamente que él
había redactado la información porque se la suministró
el Jefe del Servicio Secreto (SS), coronel Caonabo Reynoso Rosario, por
encargo del Jefe de la Policía, el fenecido general Neit Rafael
Nivar Seijas.
P. ?Dónde se encontraron las fotografías que figuran en
el expediente?
R. En el archivo de El Nacional. Además, averigué quién
era el médico legista de la época y seguí armando
piezas del rompecabezas, pero fundamentalmente dirigidas a la evidencia
material. Ya para el 1996 le expliqué a la periodista Nurya Piera
los detalles del crimen, tomando en consideración el expediente
policial. Años después, cuando detuve a los responsables,
dos de ellos me dijeron que se sorprendieron por la veracidad de la reconstrucción.
P. ?El cambio de gobierno fue fundamental en el esclarecimiento del
caso?
R. Yo ya tenía mucho tiempo investigando y cuando Abel Rodríguez
del Orbe pasó a ser procurador hizo unas declaraciones asegurando
que los jueces de instrucción no trabajaban. Entonces el 12 de septiembre
de 1996 le mandé una carta ``fuerte'' donde le recordaba que el
último contacto que tuvimos fue cuando recibí en mi despacho
la reiteración de la querella contra los responsables del crimen
de Orlando. Además, le expliqué que las diligencias con Balaguer
habían resultado estériles y que la cita todavía estaba
pendiente, por lo que la ocasión era propicia para cumplir con el
sagrado deber que el destino puso en nuestras manos: el de hacer justicia
y de lograr que las verdades salgan a relucir al margen de la conveniencias.
También le pregunté qué diría él de
la Justicia que a 21 años del crimen todavía quedaba impotente
y sin apoyo.
P. ?Y qué hizo Rodríguez del Orbe?
R. Tampoco me respondió. Entonces yo estuve con José
Israel Cuello y le mandé una carta a la familia de Nivar Seijas
que no se pudo localizar, por cierto.Antes de mayo del 96 yo fui varias
veces al Palacio, pero Balaguer nunca merecibió.
P. Mucha gente dice que usted tuvo demasiada suerte y de alguna forma,
los documentos que tenía un hijo de Nivar Seijas sobre el caso llegaron
a sus manos.Algunos, incluso sospechan que alguien con marcadas intenciones
le entregó el expediente original.
R. No. Yo conocí al hijo de Nivar Seijas accidentalmente en
un lugar público después del caso. El me confirmó
informalmente que esa era la investigación. Ya yo había acumulado
un cúmulo de evidencias físicas de la época y las
declaraciones de gente que me pasaba información y me decía
que la corroboraba si se llegaba a encontrar la investigación que
se hizo en el 1975 y entonces, la encontré. Fue una cosa del destino:
mucha gente tuvo acceso a esa investigación, aunque el documento
original se entregó en manos de Balaguer. Muchas de las personas
que trabajaron en la investigación conservaron copias como una manera
de protegerse. La mayoría de los investigadores están muertos,
pero la familia conservaron las copias y para obtenerlas hubo que darle
garantías de que nosotros íbamos a llegar hasta las últimas
consecuencia. Le dijimos que confiaran en la Justicia y ellos decían
que no, que eso les costaría la vida. De todas formas,
conseguí copias de los interrogatorios donde el 30 de octubre
de 1975, después de haber sido interrogado varias veces, el entonces
mayor Pou Castro hace un relato de los hechos e implica a los demás
e incluso menciona a Chinino (Salvador Lluberes Montás) casi una
docena de veces.
P. ?Cuál fue la actitud de Pou Castro al ser apresado por usted?
R. El confirma sus declaraciones en instrucción y hace el mismo
relato de 1975, aunque más abundante y más rico en detalles.
También confiesa Rafael Alfredo Lluberes Ricart (Freddy o Lluberito),
quien confirma la versión de Pou Castro; Mariano Durán, cabo
de la Fuerza Aérea, y también Luis Emilio de la Rosa Beras,
el único que no ha negado nunca su versión. En 1975 confesó
también el fenecido Eulogio Cordero Germán, quien participó
en el crimen.
P. ?Qué pasa cuando la familia de Orlando se querella
nuevamente en 1997?
R. El entonces fiscal del Distrito, Guillermo Moreno García,
desestima la querella, el 5 de febrero del 1997, mediante el oficio 1329,
por alegada falta de calidad. Pero lógicamente ni el Ministerio
Público ni nadie sabía que el casoestaba totalmente encaminado.
Aproximadamente 15 días después le pedí una cita al
procurador Rodríguez del Orbe y fui con todo el expediente y mis
investigaciones y le dije: ``el expediente Orlando Martínez
está resuelto, yo necesito que esta gente se detenga''.
P. ?Cómo recibe Rodríguez del Orbe la noticia?
R. Sorprendido y muy bien dispuesto. El abrió grandemente los
ojos y me dijo:``vamos arriba''. A mí me consta que Abelito (Rodríguez
del Orbe) no le cae simpático a mucha gente, pero el proceso se
llevó a cabo por la disposición que él tuvo, porque
cuando requirió la Fuerza Pública para apresar a los culpables
se manejó con un sigilo tal que ni los policías sabían
lo que estaban haciendo. Las órdenes de prisión se entregaron
selladas y lacradas en un sobre y ni los ayudantes del fiscal sabían
el nombre de las personas que se detendrían la madrugada del 14
de marzo. Solamente lo sabíamos el Procurador, el fiscal, yo y el
secretario del juzgado de instrucción, que fue quien redactó
las órdenes.
P. ?Cual fue la reacción de los detenidos?
R. En el caso de Pou Castro salió armado y el general Bienvenido
Manzueta lo reunió con sus familiares y recogió todas las
armas que tenía en la casa, hastagranadas. Entonces Manzueta le
presentó al ayudante del fiscal y cuando él vio eso dijo
que si él hubiera sabido que era para ``esa vagabundería''
a él había que matarlo antes de detenerlo. Cuando a la 6:55
de la mañana lo llevaron al despacho del fiscal porque yo no tenía
oficina, ya que el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva estaba en reparación,
Pou Castro se arrodilló y dijo que él no fue quien mató
a Orlando y además que él suponía que general Enrique
Pérez y Pérez estaba preso, porque en este país ``nada
más agarran a los chiquitos'', (así mismo consta en una acta
levantada por el secretario del Juzgado de Instrucción).
P. Entonces, ?cómo vuelve a confesar su culpabilidad Pou Castro?
R. El primero en confesar es Isidoro Martínez, porque estaba
muy enfermo y consintió en ser filmado con una cámara de
video con la presencia del Ministerio Público al momento de estampar
su firma. Después, Luis Emilio de la Rosa se entregó e hizo
el mismo relato, así como Alfredo Lluberes Ricart. Entonces
cada vez que yo tengo un indicio vuelvo a donde Pou Castro, quien en uno
de los interrogatorios confiesa a medias, pero vuelve y se retracta. Después
interrogué al
jefe del J2 (Servicio de Inteligencia del Ejército Nacional)
cuando ocurrió el crimen, coronel Ramón Abréu Rodríguez,
quien después de permanecer detenido confirmó que la orden
de entrega del vehículo y la solicitud del personal para cometer
el hecho provenían de Chinino o de su asistente, Isidoro Martínez.
Al principio el coronel Abréu Rodríguez dijo que no sabía
nada, pero al día siguiente explica el procedimiento y se le suspendió
la prisión. También dijo que Mariano
Durán era muy solicitado para participar en hechos como el crimen
de Orlando.
P. ?Usted no piensa que le hizo un regalo que el gobierno del presidente
Leonel Fernández no se merecia?
R. Eso sería entrar en consideraciones de carácter político.
Hasta donde llegaban mi responsabilidades, yo cumplí con ellas.
Hubo una percepción de que eso obedecía a una actuación
del Ministerio Público, lo cual no es cierto.
P. Pero la excarcelación del general Lluberes Montás sugiere mucho compromiso político con la sombra de un poder heredado a través del Frente Patriótico.
R. Aunque jurídicamente se puede hacer, yo no la hubiera hecho, porque podría retardar el proceso. Pero yo no puedo cuestionar una medida que está sujeta a la Ley. Además, el expediente duró casi seis meses en Cámara de Calificación y si algún acusado se hubiera muerto, eso era una negación total de la Justicia.
P. ?En este proceso Lluberes Montás representa su intención
manifiesta de querer llegar más allá de los autores materiales
del crimen y a otras personas que estuvieron en las instancias del poder
en 1975?
R. (Por primera vez piensa la respuesta). Todavía Chinino niega
los hechos, pero ese es su derecho. Los indicios son hasta donde yo llegué,
porque los responsables señalan a Chinino expresamente y varias
veces, como la persona que imparte la orden de golpear al periodista. Si
la orden provino por voluntad de él o por otras razones, eso es
algo que tiene que decirlo Chinino, no tiene que suponerlo ni inventárselo
el juez que hizo la investigación. Aunque la opinión pública
reclamase una mayor cantidad de implicados o el rumor público sugiriera
que hubieron otras complicidades, el juez no puede actuar si eso no está
apoyadoen una base iniciaria seria. Yo dicté la orden de prisión
contra Chinino a mitad de Semana Santa del 1997 y el procurador Rodríguez
del Orbe no la ejecutó hasta el 30 de marzo por razones de piedad
cristiana, porque consideraba que, aunque él no es religioso, meter
a un hombre preso un Viernes Santo no era conveniente.
P. ?Qué pasará en el juicio de fondo?
R. Se reunirán todas las pruebas y los elementos de convicción
que figuran en el expediente para someterlo a debate. Hay un valor jurídico
que tienen las actas levantadas por los funcionarios judiciales, porque
un interrogatorio redactado por un funcionario judicial competente como
el juez de instrucción, tiene una presunción irrefragable
de veracidad y para un procesado negar sus
declaraciones tiene que inscribirte en falsedad contra el documento,
es un proceso muy complejo. Pero lo que dicen las actas del expediente
es verdad ytienen un valor jurídico por haber sido levantadas por
un oficial de la Policía Judicial competente para esas funciones.
P. ?Eso significa que a los procesados sólo les espera ser condenados
por el tribunal?
R. No. Lo que yo planteo es un problema técnico. La diferencia
entre el acta de interrogatorio levantada por el juez de instrucción
y la hecha por un policía es que el valor jurídico de la
declaración dada al policía tiene una presunción de
veracidad, o sea, se presume que es verdad hasta que se pruebe lo contrario,
por lo que las declaraciones dadas en la Policía realmente tienen
escaso valor jurídico. Pero ocurre que los acusados confirmaron
con su relato todo lo que pasó igual y como lo declararon en el
1975. Además, las investigaciones del 75 se sometieron a una prueba
de laboratorio y se confirmaron las firmas de los acusados, entonces se
conformó un cúmulo de indicios serios, precisos y concordantes
que justifican su envío a juicio.